viernes, 2 de julio de 2010

LA REVOLUCIÓN SOVIÉTICA Y LA URSS.


En esta unidad estudiaremos la revolución soviética, acontecimiento clave del siglo XX. Partiremos de los conocimientos previos los alumnos y alumnas, que con anterioridad ya han estudiado las unidades correspondientes a los cambios y movimientos sociales que tuvieron lugar con la Revolución Industrial y a la I Guerra Mundial, lo que les servirá de base para asentar los nuevos conceptos. El objetivo será enlazar los nuevos conceptos con el marxismo, el movimiento obrero y finalmente con los totalitarismos. Esta unidad didáctica será crucial para el posterior estudio de la II Guerra Mundial, la Guerra Fría y la caída del bloque comunista.
Las revoluciones rusas de principios del siglo XX permitieron que una autocracia inmovilista de economía campesina se transformarse en una federación de repúblicas de régimen socialista protagonista de un rápido desarrollo industrial. Pero su importancia no sólo reside aquí, en los efectos sobre la propia Rusia: la revolución soviética de 1917 constituyó uno de los acontecimientos más importantes de la Historia de la humanidad, teniendo un fuerte impacto en todo el mundo del siglo XX.

La revolución rusa supuso el nacimiento de la URSS, un gran estado multinacional en el que se construiría una sociedad radicalmente distinta a las hasta entonces existentes y que condicionaría la evolución del mundo contemporáneo al configurar su división en dos bloques tras la II guerra mundial. Pero al mismo tiempo dio lugar a la aparición del movimiento comunista, convirtiéndose en punto de referencia obligado para el movimiento obrero y el nacionalismo revolucionario, animados por esa alternativa al modelo capitalista, que se mantendrá hasta los momentos finales del siglo XX. El orden internacional actual es consecuencia directa del derrumbamiento del socialismo real y de la desaparición de la URSS, cuyo fracaso mostró la inoperancia y defectos del modelo bolchevique. Sin embargo, aunque el ideal terrenal del socialismo y el comunismo se haya derrumbado, los problemas que este ideal intentaba resolver permanecen.



LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL.


En esta unidad estudiaremos la I Guerra Mundial y la organización de la paz que la sucede. Partiremos de los conocimientos previos los alumnos y alumnas, que con anterioridad ya han estudiado las unidades correspondientes al imperialismo y a la evolución de las potencias occidentales. El objetivo es distinguir los diferentes factores que se unieron para dar origen a la contienda y conocer las consecuencias que acarreó.
La competencia económica, la rivalidad colonial y la ignorancia de las consecuencias que podían seguirse de un enfrentamiento armado entre las grandes potencias fueron las causas de la guerra. La política de alianzas y la preocupación por llegar a una decisión rápida contribuyeron a que se acortasen los plazos para llegar a un arreglo de última hora. La I Guerra Mundial fue la más cuidadosamente preparada de todas las guerras; pero, una vez comenzada, el desarrollo de los acontecimientos se alejó de las previsiones. En vez de una campaña rápida completada por una victoria decisiva, los ejércitos se encontraron en una situación equilibrada y mortífera, a la que nadie supo encontrar solución. En vez de una victoria de acuerdo con los principios del arte de la guerra, se produjo el triunfo por agotamiento.



La paz fue la ocasión para realizar una reforma del mapa de Europa. El procedimiento y las condiciones del Tratado de Versalles contribuyeron a crear en Alemania un espíritu revanchista, que influyó en la repetición del conflicto a mayor escala.




LA DOMINACIÓN EUROPEA DEL MUNDO.


En esta unidad estudiaremos el fenómeno del imperialismo, del reparto de los continentes africano y asiático a manos de los europeos durante el último cuarto del siglo XIX. Partiremos de los conocimientos previos los alumnos y alumnas, que con anterioridad ya han estudiado las unidades correspondientes a la Revolución Industrial y la evolución política de las grandes potencias europeas. Los conceptos estudiados en esta unidad didáctica serán fundamentales para estudiar posteriormente la correspondiente a la descolonización y a entender los problemas actuales del mundo descolonizado.
La presente unidad se centrará en los cambios provocados por la aparición de nuevas potencias industriales y por las nuevas formas del capitalismo en el ámbito internacional. Relacionada con el aumento de producción surgió la competencia entre las grandes potencias, lo que provocó la expansión imperialista a la vez que se consolidaba el desarrollo político de la democracia bajo la presión popular. Entre 1880 y 1914, un puñado estados occidentales procedieron a afirmar su supremacía económica y militar con la conquista, anexión y administración formales de la mayor parte del mundo ajeno a Europa y al continente americano, de manera que aproximadamente una cuarta parte de la superficie del planeta fue distribuida o redistribuida en forma de colonias, dominios, protectorados o concesiones. El objetivo era controlar nuevos territorios que sirvieran como centros de suministro de materias primas a la metrópoli, como potenciales mercados para sus productos, y como destino de los excedentes de población. A las necesidades del sistema capitalista y de la sociedad burguesa se unieron también los intereses estratégicos, la seguridad militar y la búsqueda del prestigio internacional. La inmensa desproporción entre los medios humanos de las metrópolis y la población que pasó a depender de ellas sólo resulta explicable en razón de la distancia que separaba a los combatientes en cuanto a organización y armamento militar. Las consecuencias de la carrera imperialista desembocaron en el enfrentamiento, por primera vez a nivel global, de las potencias coloniales (apoyadas por sus respectivas colonias): la I Guerra Mundial.










EL MOVIMIENTO OBRERO.

En esta unidad estudiaremos los cambios que se producen en la sociedad contemporánea a las revoluciones liberales, y los nuevos movimientos sociales que surgen al mismo tiempo, y que configuran una nueva etapa, la Edad Contemporánea. Partiremos de los conocimientos previos los alumnos y alumnas, que con anterioridad ya han estudiado las unidades correspondientes a la Revolución Industrial y al Liberalismo y Nacionalismo, lo que les servirá de base para asentar los nuevos conceptos. El objetivo es asimilar todos los cambios sociales que se producen durante el siglo XIX, rompedores totalmente con el orden anterior.

La unidad se centrará en el desarrollo del movimiento obrero, el cual surge en la Inglaterra de la Revolución Industrial, a consecuencia de la falta de derechos que los trabajadores tenían en las fábricas al no existir todavía ningún tipo de legislación que regulase la actividad industrial. En los primeros decenios de la industrialización se produjo una degradación de las condiciones de vida de los trabajadores. Cuando los obreros fueron plenamente conscientes de lo injusto de esta situación, comenzaron a dirigir sus quejas a los empresarios. Así nació el sindicalismo, entendido como un movimiento de resistencia contra el capitalismo, reuniéndose la gente trabajadora de un mismo oficio para defender sus reivindicaciones mediante huelgas.



La huelga -demostración de fuerza de los trabajadores que paraliza la producción de las fábricas- ha sido la principal arma obrera en dicha lucha de clases; por medio de la cual los trabajadores tratan de convencer a los patronos de sus exigencias.



Los obreros se reunieron en organizaciones republicanas y de izquierdas a favor del sufragio universal masculino. Después de la revolución de 1848, las doctrinas socialistas empezaron a crear partidos de clase, de carácter exclusivamente obrero. Las nuevas teorías socialistas y anarquistas serán la base ideológica y organizativa primordial de las asociaciones de trabajadores.




LIBERALISMO Y NACIONALISMO.

En esta unidad estudiaremos el ciclo de las revoluciones liberales que inauguran la Edad Contemporánea: la independencia de las 13 colonias británicas de Norteamérica, la Revolución Francesa (incluyendo el periodo napoleónico), los ciclos revolucionarios de 1820, 1830 y 1848, la emancipación iberoamericana. Finalmente estudiaremos los nacionalismos decimonónicos, representados por las unificaciones italiana y alemana.
Entre 1763 y 1848 Europa y América se vieron envueltas en distintas revoluciones. En este periodo histórico pudo observarse como los dos continentes dejaban de lado el Antiguo Régimen para orientarse hacia el nuevo sistema, superándose el estado absolutista, con el fin de basar los nuevos estados liberales en términos de ciudadanía y mercado. El siglo XVIII, sobre todo la segunda mitad, supuso el comienzo del ocaso del Antiguo Régimen. Aunque utilizamos la fecha de 1789 como el fin de la Edad Moderna y comienzo de la Edad Contemporánea, lo cierto es que los cambios empezaron a notarse con anterioridad y se prolongaron en algunos sitios hasta finales del s. XIX. A la nueva realidad política surgida de las revoluciones de los siglos XVIII y XIX se le llama El Estado Liberal, cuya base será la Doctrina Liberal, basada en la soberanía popular y, en consecuencia, en un sistema de gobierno reprensentativo. Dos conceptos son necesarios para comprender un cambio revolucionario: crecimiento y desarrollo. Ninguna sociedad es estática y de las contradicciones nacidas de sus relaciones sociales irán surgiendo nuevas formas de organización de la producción y nuevos grupos sociales que las empujen.




jueves, 1 de julio de 2010

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.


En esta unidad estudiaremos la Revolución Industrial, su origen, desarrollo y difusión, además de sus etapas, y junto a ella los grandes cambios operados en las sociedades en las que se presenta. Partiremos de los conocimientos previos los alumnos y alumnas, que con anterioridad ya han estudiado la unidad correspondiente al Antiguo Régimen, conociendo por tanto la sociedad en la que se va a desarrollar la Revolución Industrial y la sociedad que va a ser modificada por ella.


Cronológicamente, la unidad abarca desde la segunda mitad del siglo XVI, donde se cimentan las condiciones favorables para tal revolución (desarrollo productivo agrícola e incremento demográfico) hasta principios del XIX, inscribiéndose en el ámbito geográfico de Inglaterra en primer lugar, y el resto de Europa continental a posteriori; y suponiendo una amalgama de transformaciones socioeconómicas, tecnológicas y culturales que cambiarán el devenir histórico. La economía basada en el trabajo manual fue reemplazada por otra dominada por la industria y la manufactura. La Revolución comenzó con la mecanización de las industrias textiles y el desarrollo de los procesos del hierro. La expansión del comercio fue favorecida por la mejora de las rutas de transportes y posteriormente por el nacimiento del ferrocarril. Las innovaciones tecnológicas favorecieron enormemente el incremento en la capacidad de producción. En la revolución industrial se aumenta la cantidad de productos y se disminuye el tiempo en el que estos se realizan, dando paso a la producción en serie, ya que se simplifican tareas complejas en varias operaciones simples que pueda realizar cualquier obrero sin necesidad de que sea mano de obra calificada, y de este modo bajar costos en producción y elevar la cantidad de unidades producidas bajo el mismo costo fijo. El sistema capitalista se desarrolla y expande, y las modificaciones en los sistemas de producción genera la aparición y toma de conciencia de la clase obrera, germen de diversos movimientos de índole social que tendrán eco hasta bien entrado el siglo XX.






miércoles, 30 de junio de 2010

EL ANTIGUO RÉGIMEN.







En esta unidad estudiaremos las características del Antiguo Régimen, del mundo surgido en la Edad Moderna y que ahora llega a su fin, el punto de partida para todas las transformaciones y cambios que dan origen a una nueva etapa, la Edad Contemporánea. Nuestra pretensión es ayudar al alumnado de Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales a profundizar en las decisivas mutaciones que dan inicio a una nueva estructura social, una economía industrial y sistemas políticos novedosos acaecidos en el siglo XVIII, llamado de la Razón o de las Luces. En este momento ha triunfado el absolutismo monárquico, al que se opone el modelo parlamentario inglés, y el Antiguo Régimen parece incuestionable. Es un siglo de expansión económica, fundamentalmente agraria y comercial, y demográfica, poniéndose así las bases para la llegada de la Revolución Industrial. En el plano internacional se busca el equilibrio, en un contexto de triunfo del imperialismo británico. Pero el siglo XVIII es también el del pensamiento ilustrado, que influirá en las monarquías (Despotismo Ilustrado), pero sobre todo en la sociedad, con una burguesía que busca el protagonismo que la sociedad estamental le niega. Las ideas ilustradas serán la base sobre la que se apoyen las ansias de cambio, que conducirán finalmente a verdaderas revoluciones políticas y, con ello, al derrumbamiento del Antiguo Régimen, abriéndose así la puerta a la Historia Contemporánea.